sábado, 19 de abril de 2008

EL AMOR DESPUÉS DEL AMOR (Nota II - Final)



Ya en el rictus de placidez en la medianía que ostenta la escritora se viene cifrando lo que uno de nuestros poetas populares aportó cierta vez, en una cuarteta de inevitable olvido:

Un hombre común
tiene todo lo que tiene que tener
ganas de vivir la vida
y que se dejen de joder.

(Piero, Un hombre común –1984-)

En efecto, de sólo ver los hoyuelos masivamente deseados, la mirada lateral, el estándar de peluquería sencilla, el pardo de los ojos y otras alternancias de su fisonomía, quedan echados a luz de entendimiento los límites edificados por el "multimedios", a su vez pedidos a gritos –por traer aquí también un lugar común- por los destinatarios de su inverosímil sueño de amor.

A esta mujer común, preludio de la conservación del hombre común, le ordenan predicar, así conformada, su intención de ser amiga, madre, compañera, cocinera, amante, fregadora, a cambio de reconocimiento genital, de quien le acomode el saquito tejido a la hora en que sólo las mujeres enamoradas sienten frío. Una pretensión común, como los compradores de Clarín, perdidos en la vorágine gratamente tolerada del transporte público y del tránsito vial, cuyo nombre es estancamiento y fugacidad. Su mirada común se dirige al guiño común, a hombres comunes que despiden olorcito, a porciones de pizza compartidas, a trabajo hebdomadario más o menos remunerado. Practica el reojo fingido al muchacho como yo que la salve de sus cuatro noviazgos fracasados, pero “hacerle lerolero a la mirada ajena”, dice, le “encanta”, contradicción que tiende a alimentar la seducción de índole claramente copulativa que subyuga al hombre de oficina.

Común es su sintaxis, común es su pretensión, comunes son sus listas de “candidatos”; difundido está nacer en San Cristóbal y mudarse a Barracas, tener una gata, llamarla freudianamente Violeta y dormir freudianamente con ella. Común es, por estos días, haber tenido cuatro parejas y aun esperar el estado de enamoramiento.

Común es también el robo piadoso, y así, como ya se ha advertido -más de una vez-, el blog escogido por el monstruo “mediático” para victimizar a los devaluados amantes es plagio de otro de reales quilates –http://www.ciegaacitas.com/-, cuya fluida prosa de ribetes literarios dista largamente de las menudencias de asalariada explicitadas por la autora, aprobadas por su jefe de redacción y por los cientos de comentarios de compradores aficionados a frases del tipo “no me cierra” o “la gente anda por la vida queriendo aparentar y se olvida de la esencia que es ser uno mismo con sus miedos y sus cosas buenas!!!” En el mismo sentido entonaba Tita Merello: “yo le pongo lo ojo pa'rriba, y ende mientra le afano un repollo”, ni más ni menos que lo que se entrevé en “Quiero un novio”.

¡Oh, el amor del hombre común! Amor vernáculo, amor doméstico, amor para todos, disolución del Amor en múltiples amores desempeñados por habitantes y transeúntes como mejor y más buenamente les da su criterio de propia voluntad consumido, fogoneados por sus dictámenes de gónada, apurados por los innumerables tiempos que desgastan la humanidad de Buenos Aires; amor desperdigado entre los restos de una indescriptible y fenecida ilusión de trascendencia, asignado mal que mal a cada pacífico adquirente de periódicos y “telespectador”, como un don de fácil acceso a lo místico. Amor de hoyuelos, amor de chica que encoge los hombros, estandarización del Amor, desaparición del Amor. Es decir, el amor después del Amor; esto es: otra cosa.

Desearía ser Larra para cantar las aristas de este despropósito de modo mucho mejor. Pero Larra se suicidó hace ciento setenta años, imposibilitado de cambiar las cosas a sus veintiocho años, mientras España decaía y dejaba sola a Latinoamérica, cuyo porvenir de entonces, nuestro presente, cobraba en el mismo fatal instante del disparo muchas otras y más prescindibles vidas.

viernes, 11 de abril de 2008

EL AMOR DESPUÉS DEL AMOR (Nota I)

Clarín, como un alquimista fenicio, caldea la cultura disponible hasta dar con la esencia de la clase media, deconstruyéndola perversamente con el fin de modelar luego los accidentes y de generar un homo media que le retorne el ingreso y le vomite la poca plusvalía de que es capaz. Victimizando su insaciable búsqueda de oropeles, el periódico porteño, como una demudada Matrix latinoamericana, procura a sus comprantes sueños de percepción contemplativa y brinda, además, las palabras y la sintaxis idóneas para su parloteo en los supermercados, en los taxis, en las oficinas, a la salida de los niños de las escuelas primarias y en los maxikioscos. Así, cada pequeño dictador –multiplicado por miles- cree alcanzar de una sola pasada de ojos la intuición intelectual de las intangibilidades superpuestas al mundo de las cosas, a las que también se aferran, generando una imperfecta aunque legitimada cosmovisión que parece incluir, en ese tinglado de maderas deficientes, las dos caras de la realidad: la sensible y la metafísica.

Espanta ya ver por Buenos Aires cómo se apaña este estamento para materializar las dos o tres abstracciones que, fogoneadas por su órgano de difusión, conforman su ideario de latón: la familia en automóvil, la propiedad exteriorizada en el departamento, el porvenir y la modestia resumidos en la locución futuro para mis hijos y otros tópicos de único interés canalizan el egoísmo y la exclusión de quienes no los comulgan. Largas son las congestiones de tránsito provocadas por la familia motorizada, muchas las desavenencias de los malnacidos Consorcios de Copropietarios, asombroso es el desamor que la defensa del futuro de los propios hijos produce en los demás y en sus hijos, que igualmente se devanean por inercia del fenómeno del tiempo hacia el inevitable “después”, lo quiera o no el asalariado obsecuente o neutral o el pequeño titular del derecho de dominio.

Esta parodia de vida virtuosa –resumida al ejercicio más o menos regular de cierto estándar convencional de legalidad, que de propia voluntad no llega al cabal cumplimiento de la ley-, sin embargo, tampoco parece resultar suficiente, pues no olvida la clase media que el hombre –común- en exceso de cuerpo es en la misma sustancia alma. En este sentido, viene incontestable que, una vez saciado aquél, ésta grita demandas insustanciales claramente susceptibles de estándar, como todo lo demás.

En esta búsqueda supermercadista de lo trascendente, no ha mucho tiempo viene perpetrándose el blog “Quiero un novio”, en el que una mujer que en épocas de mayor auge debiera ya haberse casado, publica su deseo de ser desposada, a pesar de, como ella misma reconoce, haber transitado y fenecido al menos cuatro noviazgos serios.

En realidad qué importa, pero son tantos los elementos que surgen de la elaboración de esta empleada “multimedia” que quien alguna vez ha creído en el amor no puede sino reaccionar frente a sus decaídas protestas de principios, viendo irremediablemente marchitos los sueños de trascendencia nacidos de la propia condición humana y comulgados desde la infancia. Véanse, si no, los requisitos que a ojos de la núbil posee el “candidato perfecto” (“candidato”, además):


Trece características que tiene mi futuro novio...

1. El que tiene pelo suficiente como para agarrar con las dos manos.
2. El que juega al futbol y vuelve embarrado de la cancha con olorcito.
3. El que no me aburre y me mata de risa con taradeces.
4. El que me toca el hombro y cuando me doy vuelta se esconde.
5. El que camina del lado de la vereda para que no me caiga.
6. El que me corta la pizza y me sirve mi porción en el plato.
7. El que me dice "quedate tranquila, todo pasa" y me abraza.
8. El que es tímido en el fondo y se derrite cuando le digo cosas lindas.
9. El que se conforman con un churrasco con tomate de apuro.
10. El que dice "okey, bonita, hoy cocino yo, ponéte las pantuflas".
11. El que me lleva las bolsas del súper que son más pesadas.
12. El que no se cree lindo aunque sea hermoso.
13. El que me da besos en el cuello. Fundamentalmente.



Que cada quien viene libre para adquirir su propia imago mundi es una verdad indiscutible, pero a no engañarse: una cosa es un pensador de oficina, de consorcio, de reunión de padres, y otra muy distinta es un solipsista. Hemos nacido hombres, únicos seres capaces de amar. Ésa y no otra es la esencia que debiera movernos, antes que buscar alguien que diga taradeces o que vuelva embarrado y con olorcito, al modo del chimpancé o de la cópula del hipopótamo en las márgenes del Bramaputra.

Quiero ser una chica normal que busca novio normal (...) Quiero que, al final, me dejen estar enamorada de quien se me canta”. Amiga, muy otro es mi canto; por lo demás, como lo predican las innumerables aprobaciones que recibe cada una de tus opiniones, verás que las pobrezas que componen tu desiderata son de tan fácil y lamentable consecución y ejercicio como cortar una pizza y servirla en el plato.

jueves, 3 de abril de 2008

CABALLO DE MAR


Organizamos un fin de semana en Entre Ríos, una casa de alquiler junto a un arroyito subtropical que llevaba un nombre entre charrúa y federal, en cuyos pantanos se engastaban unas cabañas tan mágicas. En la seguridad de que rechazaría la invitación, participamos a María Pena Solano, la que servía el café y trapeaba el office, la que tenía un hijo Dylan y una niña-mujer por la que daba cualquier cosa.


Nos dijo primero que no, luego que lo pensaría y finalmente que sí, a instancias de Marisa, a quien María Pena guardaba devoción por haberle prometido el empleo diez años atrás, cuando bajó del Rápido Argentino con la esperanza y el hocico de pan de un perro. Veinte minutos antes de la partida, Marisa arribó a la estación sonriendo y avisó que su protegida no vendría, un cliché, un compromiso de último momento, que no la llamáramos, subamos.


En la cabaña se formó una parejita, una de las chicas se lastimó un pie, se acabó el gas doce horas antes, evidenciamos nuestras virtudes, descubrimos que un yogur del ramos generales estaba vencido, los celulares no tenían señal y los dos atardeceres fueron maravillosos, la verdad que maravillosos.


El lunes, María Pena llegó con la mirada viscosa, qué te pasa en los ojos, qué te pasó, por qué no viniste. Nada, nada. Pero mirá cómo tenés los ojos, secate un poco, nada. Déjenla, despejó Marisa, ella está bien, vení, vamos al office y me contás; María Pena dio medio giro y marchó dando saltos de saciedad hacia el reducto de las escobas y las colaciones, algunos chillidos, contame todo.


Entonces le recordó sin tapujos lo de Ariel, el del maizal saliendo de Ayacucho a los trece años, la vez que volvió a las casas enamorada y con las piernas brotadas de ronchas, la marca de las uñas terrosas en las nalgas y el cabello trenzado por los estirones, los abrojos y la baba seca. La vez de los jejenes de las cinco y veinte y las nubes moradas, cuando Ariel de la Gomería le tendió su camisa para limpiar los hilos que enmarañaban los muslos hasta los hormigueros pisoteados, ni Dylan ni Jazmine la niña-mujer, Ariel el gomero al que vio entre el escozor del dolor dulce quitar la punta a una mazorca hecha pupa joven mientras despuntaba otro sol por la abertura rígida de sus párpados viscosos y machacados de pintura gruesa, igual que en ese momento en que Marisa la abrazaba, viste que se podía, nadie tenía por qué preguntar nada, viste que tenés que confiar en mí, unidas en un vástago mecido por su propia secreta y banal sustancia, otra vez el contubernio de maíces dorándose con la alborada del final, las lágrimas duras sumergiendo el mundo en una realidad interior fuera de la cual no importaba ninguna otra cosa, ni Raúl que se había quedado con los chicos mientras ella iba con sus compañeros de oficina, qué raro vos, una maraña de jugos últimos escarchados por el tiempo, Ariel gomero, Ariel hombre, otra vez la esfera tensa del hombro dormido con un hipocampo de cárcel idéntico al de María Pena Solano, treinta y ocho años, domicilio en Capital, tareas generales de oficina, dos hijos, solicita licencia próximo viernes veinticuatro motivos personales.

lunes, 31 de marzo de 2008

EFEMÉRIDES DE LA CLASE MEDIA PORTEÑA


24 de marzo: Día de la Legitimación del Poder De Facto. Se rememora el 24 de marzo de 1976, fecha del hasta ahora último golpe militar, que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, viuda del líder político Juan Domingo Perón. La clase media, en aquella circunstancia, contribuyó a formar opinión a favor de la llegada al poder y posterior permanencia de los militares de las tres Fuerzas, que ocuparon por vías de hecho el gobierno del país y aniquilaron la subversión.

14 de mayo: Día del electrodoméstico. El 14 de mayo de 1995, un año después de reformada la Constitución Nacional, la clase media pequeña propietaria acude a las urnas y coadyuva a la reelección para el período 1995-1999 de quien ya había ejercido por seis años el cargo de Presidente de la Nación. Emite el llamado “voto licuadora” o “voto cuota”, tendiente a asegurar que la política económica implementada en el primer período de gobierno se mantuviera incólume, de modo de no alterarse las condiciones que permitirían abonar las cuotas de los electrodomésticos, automóviles y viviendas adquiridos a plazos entre 1990 y el año electoral.

2 al 7 de enero: Semana de la naturaleza y de la fruta fresca. Celebración del zuco de laranja. En el aspecto cultural, Semana de la afinidad lingüística entre el castellano y el portugués.
La primera semana de enero de 1993, la clase media cumple un sueño largamente postergado: conocer las playas de Brasil, a su vez abarcado por la inalcanzable pretensión de veranear fuera de las fronteras del país, y aun en un lugar diferente de la Costa Atlántica bonaerense. Canasvieiras, una de las cuarenta playas de la parte insular de Florianópolis, pequeño enclave sin cloacas pero mucho más barato que los balnearios del llamado “norte brasileño”, recibe la invasión de familias porteñas y cordobesas, masividad que colma las instalaciones y produce la saturación de la capacidad turística local. Otros centros de pareja baratura también funcionan como receptores de turistas argentinos: Buzios, Camboriú, Porto Seguro. Los medianos propietarios y los pequeños esforzados –éstos, en pagos de hasta veinticuatro cuotas mensuales- escogen Río de Yaneiro.

Los padres de familia exaltan los principios de la vida sana e intensifican la ingesta, al ritmo de melodías carnavalescas. Este discurso es repetido por las esposas, quienes desde sus nuevos anteojos de sol encuentran ventajas reales en la adquisición multiplicada de productos ofrecidos por mercaderes y artesanos, frente a quienes desempolvan la práctica ancestral del regateo mediante la frase “moito caro”. Los manteles de hule que cubrían las mesas de sus departamentos se reemplazaron por doblemente comprados hilados de coco; al vino tinto de supermercado se opuso la capiriña aromatizada de limoncillo verde selva; al ajetreo del cemento citadino, la impulsiva propensión a los pasos de samba, aun en horas del mediodía; a las noticias de la tarde, la revalorada contemplación de los hijos. Los jugos naturales son comprados en grandes cantidades, en especial, el de naranja recién exprimido y en la playa.

Por otra parte, los visitantes alcanzan convicción respecto de la fácil transitividad del portugués, idioma “igual al argentino”, con algunas declinaciones asimilables tan sólo a través de la lectura simple de los carteles de ruta. Algunas palabras, incluso, únicamente requerirían el agregado de una “i” sencilla para alcanzar virtualidad lusitana, así: “caisa”, “peisos”, “areina”, “remeira”, “meisa”, “espoisa”, “hamburgueisa”, “cerveiza”. Otras, el reemplazo del sonido “j” por “sh”, así: “Arshentina”, “laransha” y “Ríu di Yaneiro”. Las dos variantes lingüísticas de mayor adquisición: los diminutivos terminados en “iño” (“doradiño”, “heladiño”) y la terminación “sao” del abstracto (“masticasao”, “vacasao”, “excursao”). Por último, las palabras que no se correspondían fonéticamente con las castellanas, pero de necesaria asimilación: “frango” (pollo frito), “garrafa” (botella de gaseosa o de cerveza), “troco” (cambio de dólares por reales), “crianza” (mi hijo o mi hija), “ligasao” (llamada telefónica a Buenos Aires), “borrachería”, “abacashí” (ananá partido o su jugo), “rodovía” (camino que toma el micro al salir o entrar de Florianópolis), etc.

17 de octubre: Día de la Raza. El 17 de octubre de 1945, un sector de las clases bajas asalariadas manifiesta en la Plaza de Mayo a favor de la continuación de Juan Domingo Perón en la vicepresidencia de la Nación, ejercida durante el último tramo del gobierno de facto que había derrocado al presidente Castillo el 4 de junio de 1943. Esta asonada popular evidencia y legitima el poder que ejercerá Perón en forma más o menos discontinua hasta su muerte en 1974.

La política paternalista del luego presidente (y teniente general) Perón respecto de los sectores históricamente pauperizados del país, es advertida por las clases medias argentinas como una oportunidad de oro que los bastos remunerados no saben aprovechar. La crítica no se dirige sólo a ellos: por décadas se seguirá sosteniendo que “Perón les dio todo, pero no les dio educación, que es lo más fundamental”. Esta aseveración se verá estigmatizada por la construcción simbólica de ejemplos anatemáticos: la combustión de los listones del parquet en las casas recibidas a título de donación, la venta al peso de las canillas de bronce, la sobrecompra de alcohol en los feriados sorpresivos que el líder prodigaba, la aprensión a abandonar el rancherío, etc.

Frente a este fenómeno político y sociológico, la clase media entiende que los beneficiados por la política peronista, pertenecen a “otra raza”, incluso antropológicamente hablando.

19 al 23 de agosto: Jornadas de revalorización moral de las inaptitudes físicas. Entre el 19 y el 23 de agosto de 1969, tres automóviles de diseño argentino “Torino” disputaron las llamadas “84 horas de Nürburgring”, Alemania. Las alternativas de la competencia evidenciaron tan inesperada superioridad de los motores torinenses, que los propios organizadores se las habrían compuesto para que la ignota marca no alcanzara la notoriedad que desde el argentino tesón de los pilotos estaba logrando y, así, aplicaron “penalizaciones reglamentarias” al team. Con posterioridad, desgastada la suerte del débil luego del abandono de dos máquinas, la designada con el número “3” obtuvo el cuarto lugar, a despecho del primer puesto que habría merecido de no haber mediado intereses creados. Por décadas, quienes siguieron a través de la radio los pormenores de la lid automovilística, vengarán este entramado de hipocresías igualando, adrede, las ciudades de Nürburgring y la de Nüremberg, actitud que aun hoy exacerba al menos cómplice de los nürburgringuenses.

25 de mayo: Día del comienzo de los males argentinos. Un día como éste, pero de 1810, un grupo de españoles realiza el primer golpe militar de la historia. Desde ese día, de ahí para adelante, todos son lo mismo. Sarmiento, todos.

1987: Año de la reafirmación de los derechos de la mujer. En 1987 se emitió por primera vez el programa “Atrévase a soñar”, por Canal 9. En él, seis mujeres elegidas de entre varios millones competían durante una hora por diversos premios: el equipamiento completo de electrodomésticos del hogar, un vestido de fiesta, una sesión de maquillaje, un viaje a la Costa Atlántica con su marido, sábanas, máquinas depiladoras, sets de belleza y sesiones de peluquería.

Se trata de la primera vez que la televisión reconoce a la mujer, en especial al ama de casa, el derecho de lograr la hipótesis de máxima de sus aspiraciones prenupciales.

El reglamento permitía a la ganadora participar nuevamente. El día que una de las esposas ganó el quinto concurso consecutivo, le sugirieron “en vivo” que no volviera a presentarse, y la madre, que tenía ya cinco electrodomésticos para cada aplicación, entendió democráticamente que aun los mejores deben ceder a las expectativas de los que menos pueden, y renunció con una intensa sensación de tarea cumplida, munida de su marido del otro lado de la pantalla.

¡Ampliaremos!

jueves, 27 de marzo de 2008

STULTORUM INFINITUS EST NUMERUS


¿Alcanza a comprenderse qué hace la clase media porteña manifestando "a favor del campo"? ¿Tiene alguna idea del cariz técnico del problema? ¿No le huele a peligro que LAS CUATRO ENTIDADES QUE NUCLEAN LOS INTERESES DE LOS DUEÑOS DE TODA LA TIERRA FÉRTIL DISPONIBLE EN EL PAÍS se hayan puesto de acuerdo para boicotear la entrega de alimentos a la población? ¿A estos habitués de góndolas y bateas no les provoca siquiera curiosidad la oculta causa en virtud de la cual los grandes propietarios han decidido que, como les sale más caro exportar, ENTONCES NADIE COME?


¿No asumen que hace décadas que a la clase media porteña, que ha elegido su propia decadencia, sólo se la escucha en los comicios, cuando despliega su deplorable sentido común bajo la forma grotesca del civismo vespertino? Y por lo demás, ¿cuál es el interés que persigue este estamento al defender una causa que le es diametralmente ajena? ¿Por qué no "cacerolea" frente a los hospitales? ¿Por qué no "caceroleó" cuando reformaron en 1994 nuestra sabia Constitución de 1853? ¿Qué reacción experimentó cuando se suspendieron los servicios que llevaban y traían indigentes que, como única forma de obtener sustento, revolvían la basura doméstica? ¿Por qué no "cacerolean" frente a los "proveedores" de Coca Cola, agua "mineral", yogures y demás pavadas de maxikiosco, intermediarios que MULTIPLICAN EN FORMA INDECIBLE EL VALOR DEL PRODUCTO POR EL SOLO HECHO DEL TRANSPORTE desde la fábrica al local com. 3 mts. fte. x 12 bajas exp.?


¿Sabe un clase media de qué se trata? ¿Qué idea de "explotación agropecuaria" comulga un empleado bancario? A ver, Usted, manifestante de Acoyte y Rivadavia: ¿qué es una "retención"?


¿Y piden en consecuencia de su iletrada participación LA RENUNCIA DE LA PRESIDENTA? ¿Igual que los dueños de miles de hectáreas, que protestan porque les es menos rentable vender giga-toneladas de soja a Surcorea? ¿Ustedes quieren que renuncie la Presidenta de la Nación, en serio? ¿Y después?


Amigos, cuando el Sr. Duhalde llenó de cuchilleros el conurbano y organizó la trifulca de diciembre de 2001, a ustedes, cultores del asado dominical, se les hizo creer que tenían una ideología, y en sus manos estuvo la remota posibilidad de cambiar los tantos por última vez en su pobre historia. Recuerden que el 2 de enero de 2002 recibieron la presidencia del caudillo de Lomas de Zamora con un "cacerolazo" -igual que el de estos días-, y 14 MESES DESPUÉS VOTARON EL CANDIDATO QUE EL "CACEROLADO" LES PROPUSO. Recuerden que gritaron como desaforados "que se vayan todos", y un año después votaron, de entre una inusual explosión de listas electorales, EXACTAMENTE EL MISMO INTENDENTE QUE TENÍA LA CIUDAD DESDE 1999, y que ejercía la jefatura de gobierno mientras ustedes propugnaban "que se fueran todos", el intendente incluido. Recuerden, también, que "cacerolearon" -igual que ahora-, frente a los que llamaron "Bancos Chorros", mostrando lastimosos bebés de saliva viscosa llorando frente a las cámaras de la televisión, como si un hijo fuese un argumento; sin embargo, semanas más tarde, cuando recobraron el dinero valiéndose por primera vez en la vida de la benevolencia dieciochesca de la acción de "amparo", volvieron a depositarlo en los mismos bancos, los cuales, pasada la tremebunda, ya "pagaban" el siete por ciento anual en dólares. ¿Recuerdan ¡oh, almas débiles! que cantaban "piquete y cacerola, la lucha es una sola"?


Pues si ustedes no, los "políticos" abstractos de sus desgañitadas invocaciones sí, y saben, además, con certeza apodíctica, que sus balas son de salva.

martes, 25 de marzo de 2008

UNA CLASIFICACIÓN DE LAS PERSONAS


En la rígida cosmovisión de mi madre, las personas son:

a.- Según su jerarquía intrínseca:


a.1) Mi padre.
a.2) Los demás.


Sin embargo, y tal vez por imperativo inconsciente, informa también la peculiar óptica de mi madre una categoría intermedia, en la que se agrupan semovientes ocasionales a quienes mi padre adjudica ventura clasificatoria. De este modo, no es improbable que un animal (por caso, el perro o el canario de la casa) adquiera mayor relevancia axiológica que un ser humano (v. g., el sodero, un indigente, un negro, el Presidente de la Nación, alguien que toca el timbre). Quienes militan en estas dos aguas no gozan los beneficios de la estabilidad: tanto es posible que permanezcan precariamente en ellas como que pasen a revestir los cuadros de la categoría a.2), o aun ubicarse más allá, donde el vacío es horror. Tal movilidad va sujeta a los avatares de la consideración o del olvido de mi padre, en el primer caso; o a los de su denuesto o menosprecio, en el segundo, exteriorizado en diatribas domésticas que hasta pueden adoptar la forma monosilábica.


b.- Según sus propiedades sensibles:

b.1) Lindas: Son aquellas que observan rasgos de notable belleza. Esta determinación es sólo en apariencia subjetiva, y conforma sino la única manifestación de pensamiento verdaderamente social de mi madre: quienes canalizan por ella resultan lindos a todo el mundo.

b.2) Feas: Por exclusión, sufren este estigma todos cuyas implicancias higiénicas no otorgan mérito para el encuadramiento bajo la especie b.1).
Los grados superlativos de este ámbito son:

b.2.1.-El Monstruo: Es toda persona que, en razón de la intensidad o marcada tendencia de sus elementos taxonómicos, o de la acumulación de éstos, provoca a mi madre rictus de repulsión.

b.2.2.-El Deformado: Es el Monstruo que presenta asimetrías o desviaciones en su conformación anatómica.


Cabe consignar que los ítems de este tópico no revisten carácter escalafonario como los del anterior. Esta omisión abre ciertos amagos de discrepancias que mi padre y mi madre toman en solfa desde antes del cortejo de la mesa, del mismo modo que lo consideran parte de un pertinente dispendio originado en la esencia misma del connubio. El propio Estado, incluso, prohíja el débito conyugal.


c.- Según su actitud en el comercio:

c.1) Caros: Corresponde a quienes expenden mercaderías a precios que los evidencian imposibles de rotular bajo la forma siguiente.

c.2) Baratos: Son quienes venden a menor precio que los Caros, global o barrialmente considerados, según la concepción de espacio que se comulgue al momento de iniciarse la declamación. Así: Ese verdulero de acá a la vuelta es barato.

La circularidad de la definición obedece al siempre naufragante devenir económico argentino, que corrompe el mercadeo y deviene en conductas alcistas de frecuencia irregular e imprevisible, todo lo cual torna ineficaz cualquier vocación de permanencia en el tiempo de estos determinismos.
Esta categoría puede superponerse a cualesquiera de las anteriores –a salvo la designada a.1)- y no presenta necesaria relación con la calidad del producto ofrecido a la venta.

sábado, 22 de marzo de 2008

DE CÓMO ABANDONÉ EL JEREZ Y LAS MUJERES, CON OTROS SUCESOS DE POCO FELICE RECORDACIÓN


Estándome despacio en Madrid, cumplido ya el recado de letras por cuenta y orden del colegiado y notario don Antonio Mexía, fiador del párroco de Orihuela y contertulio de número en el Mesón de la Especiería, vime sin asirlo envuelto en una barahúnda de tres al cuarto que explica -a quien quiera oírlas- mi entereza y sobriedad.

Tentado de apreciar el jerejillo del Mesón bajo siete cadenas celado por don Antonio en algún rincón de su bufete de provincias, y dispuesto a no perderme las maravillas de la Ciudad Real, me apoltroné, rematadas ya mis fuerzas por las penosas andanzas del día entre callejas, escaleras y escritorios, en uno de los escaños que, frente a una larga tabla asentada en la acera de la posada, por Providencia se hallaba sin más ocupante que una tripolina de campanario, dispuesto a pasar allí las horas hasta que el coche me regresara a dar fe de mi diligencia.

La del Ángelus sería cuando, escanciados y trasegados más de ocho reales, y a punto de obnubilárseme el juicio, decidí marchar andando hasta el puesto, a fin de que las brisas me dispensaran y eximieran a tan severa hora de las felices turbaciones de mi espíritu, según era de bueno el jerez. Al punto despedíme de la criada, quien se echó mis cinco ochavos de calderilla en el delantal junto con los restos de un condumio que a la sazón habían dejado allí un principal y su aprendiz, a tiempo que, sin dejar de sostener el cigarro con los labios ni de repasar la mesa, me aconsejaba sin mirarme:

-Ande Usted con prudencia, el notario, que así luce de vaporoso como de mohíno.


En esto, pareció de entre las encinas de la plaza una mozuela de hasta diez y seis años, cuya blancura y lozanía ninguna palabra acertaría a describir, y lo mismo su hermosura, que jamás había yo visto tal dechado y ejemplar de belleza que pudiera igualar mujer en el mundo. Sin embargo, el hilo de su gallardía me impidió conocer el ovillo de su congoja y, postrado ante la altivez de su talle, me regocijé contemplando las maneras en que la doncella, como una pinaza huérfana, andaba entre las gentes del mesón, echándose los cogollos que encontraba y bebiendo de los vasos de los clientes, que la dejaban hacer con gravedad. Al momento, los vahos de mi ajerezada condolencia cedieron a la más incurable del corazón, y quedé cautivo de ella en tal grado que sólo vino a libertarme el grito que desde un cavernoso rincón de la casa echó don Pero Rebolleces, el de la tienda de paños, enseñando con medrada soberbia un ducado de a once:


-¡Eh, tú, la casadera, cántanos tu historia!


No he de pecar reconociendo que pavoné mi soltería con los azogues de mi cincuentena, y arrancando la medalla que una mi abuela de Cádiz me entregara el día de mi graduación en Sigüenza, grité sobre las mesas de la taberna:


-Venga, cántala para mí.


La niña echó una sonrisa, maguer la pena que ahora descubría en su rostro, dando a luz unos dientes más blancos que la blancura misma, y unos ojillos de tan impar gracia, que ni los ángeles de retablo vendrían a mellar si de él se desprendieran. En gran conmoción sentíme al ver así aceptada mi oferta, e igualmente derrotado tan reconocido caballero, y a la plaza de las encinas me dirigí orondo, engastada ya mi presea en las mieles de su cuello, es decir, en las marismas de su encanto.

Sin palabras, como convenía a su recato, ubicóse junto a unas zarzas que allí crecían, extrajo unas sonajas de peltre y con timidez virginal comenzó a plañir de esta suerte:


garridica soy, muriéndome estoy

Que me maridara
mi madre mandaba
y yo que no la escuchaba
garridica soy.

Por el olivares
fidalgo miróme
y yo prendíme en amores
muriéndome estoy.

Mi madre murióse
en la primavera
que mal maridada me viera.

garridica soy, muriéndome estoy.



Ahora bien, tantos y tan desarmados eran los sones de su plañidera y tal la descompostura y agravio de sus movimientos, que a poco que iniciara su cantiga ya izaban mis oídos blancos estandartes de sometimiento, como así también las ensoñadas niñas de mis ojos por las que se escurrieron el encanto y adoración que minutos antes profesaba a la doncella, y tuve por cierto que ningún otro humano desparpajo me causara aquella indisposición.

En esta consideración estaba cuando, estimando de más la cuantiosa paga recibida por la juglara, me resolví a negociar su devolución, mas adelantóseme la niña en mi intención y gana, y entregándome la reliquia dijo, con ojos empapados:


-No es mi desgracia más desdichada que mi canto y duélome por ello; mas, gentil notario, peor me duele el no poder besaros, que es lo que deseo desde que os vi.


-Niña de tu alma –dije, rendida ya la mía-, que no soy notario, pero a fe tengo que me place serviros.

Mas fue también providencia que, apenas hube recibido el primero roce de su diadema, y antes de explorar la ansiada frescura de su boca, quedara yo tendido entre las zarzas por obra de una brutal andanada de azotes en la espalda y coronilla, provenientes de hasta ocho o diez carreros que allí se solazaban. Y dábame ya por muerto cuando uno de los holgazanes, en tanto no cejaba en su apaleo, azuzó a la gavilla así gritando:

-¡Hala, venga palo, que como no encontréis los dineros de las letras, desnudo y colgado como un Cristo lo habremos de dejar!

-Mejor cortémosle las pelotas –sugirió el más pequeño de los del tumulto, a tiempo que extraía un reluciente acero toledano de su jubón.

-Ea, Ginesillo, tienes razón. –y, dirigiéndose a los otros- ¡Venga, capad este puerco, que bien paga una jarcha mal armada y a poco tiene su vida!

-Venga, muchachos, que no es para tanto –grité, viéndome eunuco y crucificado-. Aquí tenéis la presea y el dinero de las letras, haced con ellos lo que más os convenga; y tú, el niño, guarda ya tu arma y navaja, que no se toman criadillas de estas lides, anda.

Brumado mi despojado cuerpo, quedéme largas horas entre las zarzas, no siéndome posible levantarme, según me encontraba desollado, y antes de llegar la noche me invadió el sueño, que a la embriaguez de la jerejía siguió la rendición de los azotes. Entumecido y brotado de cardenales, al desvelarme me arrastré hasta la calle, por temor de que me vieran los carreros, y aína regresé al mesón a pedir de vuelta la calderilla a la criada, para dar de señal al cochero hasta que tomara más dineros de la notaría. Y aunque de mal grado me la volvió, de bueno convidóme otro jereje a fin de que se hiciera lo que por signo adverso se había deshecho.

Camino del puesto de coches, hallé molida mi carne, agotada mi hacienda y aneja mi libertad a la caridad de don Antonio, de cuyo asistente anterior poco más se supo luego de las galeras que le echaron por ciertos sellos de los que no quería acordarse. En tanto unos y otros cocheros se negaban a ser pagados al llegar, acicateaba mi entendimiento la didascalia con la que me despidió la criada del mesón, conclusión, remate y enseñanza de esta ya transcurrida historia:

En superior desventura se lía
quien del jerez y las niñas se fía.


Vale.