Afligido por el devenir desvirtuoso de todo lo que existe, y carente de retórica y de poder de inserción en el entendimiento del hombre en sentido amplio, que defiende todas las veces su propia devaluación, no queda sino irme.
Agradezco la constancia de quienes comentaron y el interés de quienes alguna vez dedicaron algunos minutos a menudear sobre mis pobrezas.
Pero no soy suficiente. No tengo lugar, y éste tampoco.
Gracias, adiós.